CONSUMO SUSTENTABLE (RED CONSUMERS INTERNATIONAL)
MANUAL DE CIUDADANÍA AMBIENTAL GLOBAL
En América Latina y el Caribe, la producción de CFC llegó entre 1986 y 2000 a un total
Continuación
acumulado de 342.034 toneladas, equivalente a un 5,8% de la producción mundial y
aproximadamente un tercio de la producción total de los países en desarrollo durante
Otras preocupaciones se relacionan con el
ese periodo (UNEP, 2002c). México, Brasil, Venezuela y Argentina (en orden
impacto destructor del ozono que puedan tener
decreciente) han sido los únicos productores en la región, con México y Brasil
las crecientes concentraciones troposféricas de
bromo originado en halones industriales y
acumulando un 72,8% de la producción total en estos años. Los cuatro países pudieron
bromuro de metilo (WMO y UNEP, 2002). La
reducir su producción anual de CFC al final del periodo. Como resultado, la producción
evidencia reciente sugiere que estas
regional de CFC en el año 2000 fue un 44,0% menor al volumen alcanzado en 1986.
concentraciones pueden haberse más que
Brasil dejó de producir CFC en 2000 (UNEP, 2002c)
duplicado desde la década de 1950 y aún están
creciendo a una tasa anual de alrededor del 3%
(dos tercios de la tasa reportada en 1996). En la
actualidad, la contribución del bromo a la pérdida
del ozono polar varía del 30% al 60% , y
continuará aumentando en relación con el cloro
hasta que se reviertan las actuales tendencias
crecientes de los gases que lo originan.
En la región se utilizan otras dos sustancias que están entre las principales destructoras
del ozono, los halones y el bromuro de metilo (utilizados básicamente en los extintores
de incendios y la agricultura, respectivamente), aunque no se producen regionalmente
y tienen un consumo relativamente pequeño (UNEP, 2002c).
Para el conjunto de la región, el nivel de consumo anual de halones se redujo en un
81,2 % en el periodo 1986-2000. En cuanto al bromuro de metilo, cuyo consumo
también se acordó congelar en 2002, la situación no es tan alentadora. La región ha
consumido durante el periodo 1991-2000 un 11,0% del volumen mundial, y para el
último año representaba un 16,0% del total.
Dieciséis países todavía eran consumidores de esta sustancia destructora de ozono
en 2000. A principios de 2003, los 33 países de la región eran partes de la Convención
de Viena y el Protocolo de Montreal; 31 habían ratificado, accedido o aceptado la
enmienda de Londres (1990); 30 eran partes de la enmienda de Copenhague (1992)
y 15 eran partes de la enmienda de Montreal (1997), pero solamente 3 eran partes de
la enmienda de Beijing (1999) (UNEP, 2003). Según el Protocolo de Montreal, estos
países debieron congelar su consumo y producción de CFC a los niveles de 1995-
1997 para el 1 de julio de 1999 (UNEP, 2002b).
Se han implementado sistemas de licencias con el fin de controlar la importación y
exportación de estas sustancias. Las instituciones gubernamentales han contribuido
con estos esfuerzos a través de diversas actividades ­estableciendo y poniendo en
vigor las regulaciones requeridas­, y se les han unido diversos organismos de la
sociedad civil y la empresa privada.
Con el fin de apoyar los esfuerzos nacionales para cumplir con la convención y el
protocolo, se está desarrollando el programa "AcciónOzono" con el Fondo Multilateral
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