EDUCACIÓN AMBIENTAL (CLAI)
MANUAL DE CIUDADANÍA AMBIENTAL GLOBAL
propias, y en donde convive interrelacionados un conjunto de
animales, plantas, hongos y microorganismos, especialmente
adaptados a este sistema.
Estos ecosistemas no son completamente desconocidos para la
mayoría. Muchos de nosotros hemos visto los ecosistemas naturales
como, por ejemplo: el desierto, el bosque lluvioso, el bosque seco,
la sabana, el manglar, el arrecife coral y el páramo de las alturas,
entre otros.
Los bosques naturales cubren un poco menos de la mitad de de
América Latina. Entre 1990 y 1995 se perdieron unos 6 millones de
hectáreas de bosques en América Latina por la tala indiscriminada.
Esta situación está cambiando la composición de muchos de los
bosques, causando pérdidas irreversibles en la biodiversidad y
severos cambios climatológicos.
También existen otros ecosistemas menos naturales (creados por el
hombre) como los parques, jardines, bosques plantados y lagunas
artificiales, entre otros, en donde también encontramos especies
que conviven interrelacionadas, pero en un número
significativamente menor que en un sistema natural y con relaciones
entre el hombre y naturaleza de dependencia "artificial".
América Latina cuenta con la mayor cantidad de tierras cultivables
del mundo: un poco más de medio millón de hectáreas. De éstas,
más de la mitad están degradadas a causa de la erosión por
deforestación, por sobre-pastoreo, repetidas quemas y la aplicación
indiscriminada de químicos.
Veamos ahora, algunos de los ecosistemas naturales más
conocidos en América Latina, son:
Los Páramos: estos se encuentran en los lugares más altos y fríos
del continente. Allí crecen algunos arbustos, varios tipos de bambú
enano y zacates altos, pero no hay grandes árboles. Su fauna
también es muy particular: más reducida que en otros sistemas
aparte de los desiertos. Habitan en ellos algunos mamíferos como
las dantas, los pumas y cabras del monte, así como también una
cantidad relativamente pequeña de especies de aves, lagartijas,
insectos y arañas, que son inactivas durante las noches a causa
del frío.
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