Confesiones de una semilla de piña

Alexander Bonilla D.

alebodu@hotmail.com

Soy una semilla de piña, ese producto de exportación que ha estado proliferando en los campos de Costa Rica. Sé que estoy haciendo ricos a algunos y que genero fuentes de empleo donde me cultivan. Pero también reconozco que algunos de mis progenitores me están explotando y provocan serios daños a la casa donde vivo. Eso yo no lo quiero, porque “es de bien nacidos, ser agradecidos”. Por eso quiero contarles algunas cosas, para que sepan que no es del todo mi culpa lo que pasa.

Algunos de mis patronos son inescrupulosos y buscan solo producir para exportar y obtener grandes ganancias. No comprenden que si me afectan a mí y a mi entorno, dañan también su futuro negocio. Qué tontos son.

A veces me siembran en tierras que no son aptas para el cultivo, por las pendientes y estar en zonas de mantos acuíferos. Los tractores y motosierras entran a destruir cuanto árbol o arbusto se ponga en el camino; aquello que fue bosque lo dejan limpio, con permiso o sin permiso de las autoridades ambientales... un paisaje rojizo es lo que se divisa desde lejos.

Que cómo lo pueden hacer. Muy fácil, yo los escuché, ellos creían que yo no oía, hasta en eso son estúpidos, creen que no soy un ser vivo. Decían que ya se habían puesto de acuerdo con los funcionarios, que ya todo estaba negociado.

Que en Semana Santa y fines de semana se barrería la montaña, y de inmediato en grandes y largas zanjas se enterrarían los árboles con todo y raíces. La evidencia quedaría enterrada. Así vi caer a amigos, gigantes de los bosques, y no volví a mirar a mis hermanos animales, ni aves ni mariposas... salieron huyendo a buscar nueva casa. Ahora estoy aquí sola, con el sol pegándome directamente y la lluvia golpeándome y lavando mi hogar, el suelo.

Tengo que agarrarme duro, puesto que se forman riachuelos de barro que arrastran el suelo hacia los ríos y ya no se infiltra el agua pura entre las raíces hasta llegar a conformar mantos profundos para dar sustento a la población. Ay, qué sola y enferma me siento.

Ya no están mis pequeños amigos del suelo para cuidarme y protegerme. Cada cierto tiempo los asesinan salvajemente con unos venenos que me dejan casi muerta. Lo malo es que no solo matan a los del suelo, sino también a los que vuelan y con el viento ese veneno lo están inyectando en los niños de las escuelas y la gente de las poblaciones vecinas.

Y peor aún lo que hacen con el agua... Al no haber vegetación los venenos viajan libremente y se conectan con lo que iba a ser agua pura y salvaje. De esta manera están matando lentamente a los humanos.

Soy una semilla pulcra y limpia. Pero luego de que me cortan y que ya estoy grande para pasar a la mesa de los consumidores, me quitan el vestido y mi corona, y la tiran por ahí. Me dejan podrir y genero malos olores y moscas que se meten a las casas y atacan a las vacas de los finqueros. Esto es asqueroso, repugnante. Me siento mal.

Algunos se preguntan cómo les permiten a mis patronos hacer todo este daño al ambiente y a las personas. Muy fácil, lo descubrí hace poco. Ellos dicen que no los pueden tocar, ya que aportaron mucha plata al partido en las campañas electorales.

Cuando los quieren joder, solo mueven sus fichas y bloquean a los del Minae, los del Ministerio de Salud y hasta a los periodistas o ecologistas que quieran atacarlos. Eso sí, los he oído decir que permiten ciertas molestias para dar chance a las autoridades de la Setena y del Ministerio de Salud, el derecho al berreo, pero que al final a ellos nadie los parará. Que ahí está el ejemplo de una tal Costa Rica verde, empresa que han pretendido cerrar las autoridades. Los empleadillos de abajo hacen loco y ellos arriba mueven sus piezas y aclaran y hacen lo que tengan que hacer para continuar operando.

Pero no se crea, algunos jefes están preocupados, no por lo que pueda ocurrir aquí, sino porque esos escándalos ya están llegando a Europa y otros lados, donde los consumidores se están poniendo vivos y pueden boicotear su mercado. Qué tirada si eso pasa, no podré viajar más en barco y llegar hasta las Europas y Gringolandia.

Bueno, todavía me queda la oportunidad de conocer China, ahí no les importa lo ambiental, por el momento.

Bueno, este es mi lamento. Estoy preocupada. Me gusta vivir y reproducirme en los suelos de este bello país. Pero no quiero seguir aliada con estos patronos irresponsables y faltos de conciencia y ética. Me voy a escapar... ayúdenme. Quiero irme a algunas fincas que producen en forma orgánica, sin venenos y en armonía con mis hermanos bosques, agua y animales.

La clase de gente con quien estoy, me está explotando. No merecen que yo les produzca tanto dinero. Así no quiero ser una semilla de exportación. Así no quiero llegar a los platos de consumidores internacionales, no quiero seguir engañándolos. Quiero que conozcan la verdad. Ya basta. Me rebelo contra mis patrones depredadores y contaminadores. Quiero mi libertad.