La tortuga

Un día, la tortuga cayó desde lo alto de un manzano al que había subido por aventurera y golosa.

Fue tal el golpe que se dio que su concha estalló convirtiéndose en pedazos diminutos.

Los animales quisieron ayudarla. La gallina la cubrió con plumas de sus alas; pero el viento las voló.

El caracol llegó y, muy valiente, le quiso regalar su cuerpo y la concha pero a la tortuga le quedó chiquitita.

Entonces los animales supieron que solo les quedaba un remedio para ayudar a la tortuga, volver a construir entre todos la concha fragmentada, costar lo que costara.

Desde aquel día, lleva la concha remendada. Y desde entonces, antes de subirse a un manzano lo piensa muchas veces. Resulta mucho más común encontrarla en el suelo, mirando hacia lo alto y meditando.

 

(Relato Nahua)